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La
personalidad del agresor
Hay pedófilos de todas las clases sociales. Los más
peligrosos sin, ciertamente aquellos en los que el niño
confía por naturaleza, como un criado, un amigo de
la familia, o aquellos que el niño idealiza por sus
funciones, como un sacerdote, un profesor, un bombero e un
policía. El acto perverso de estas personas insospechadas
deja cicatrices profundas en el alma del niño bajo
la forma de culpa y de angustia. Los pedófilos menos
peligrosos, desde el punto de vista psicológico, son
los marginales, los exhibicionistas de la calle. Estos actúan
desde fuera, compulsivamente como un relámpago, y después
son castigados y encarcelados, con gran alivio reparador para
el menor. La imagen del "bestia" es irreversible,
pero los efectos brutales de sua cto acaban por diluirse poco
a poco con el tiempo: "Finalmente, es un tarado que no
sabe lo que hace".
El
aparato judicial
La intervención de la justicia es indispensable para
la seguridad y reparación de los individuos. Con todo,
la manera cómo se actúa judicialmente resulta,
la mayor parte de las veces, traumática, por falta
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de preparación psicológica de los agentes. El
simple hecho de tener que reconstruir los hechos al detalle
y de tener que someterse a exámenes médicos
y psicológicos es yu, en sí, un segundo trauma.
El menor-víctima es obligado a revivir lo que para
él fue motivo de gran sufrimiento. En
tanto que el psicólogo es un profesional comprensivo
que tiende a desdramatizar la situación, el juez es
un profesional obsesivo que dramatiza aún más
los acontecimientos en nombre de la justicia.
¿Cómo conciliar estas dos situaciones,
aparentemente contradictorias, una de carácter culpabilizante
(la judicial) y la otra de carácter sublimatorio (la
psicológica) en bien del niño?
2. Perspectiva psicológica
El
adivino de Delfos anunció al rey de Tebas, Laos, que
su hijo Edipo lo marraría para casarse con su madre,
la reina Jocasta.
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